Efectos secundarios y contraindicaciones de los medicamentos
Una de las preguntas más frecuentes que se plantean las personas que comienzan un tratamiento farmacológico es cómo dar buen uso a los medicamentos que consumen. La duda es completamente válida, ya que el empleo de estos delicados productos, cuando es inadecuado o abusivo, puede ser muy peligroso para la salud.-
Por
ello es de gran utilidad conocer cuáles son las principales
indicaciones
de los medicamentos,
a fin de aprender a utilizarlos de acuerdo a una automedicación
responsable, en el caso de los productos de venta libre, o para
seguir las recomendaciones del especialista al pie de la letra y
reportar algún problema en la terapia.
Cada fármaco cuenta con una serie de indicaciones que detallan cuáles son las enfermedades o síntomas que alivian, las dosis recomendadas para cada edad, el contenido de la fórmula, la presentación del producto y, ante todo, dos parámetros que deben considerarse para que un tratamiento llegue a buen fin: efectos secundarios y contraindicaciones.
El efecto secundario hace referencia a la acción que posee un medicamento, además de su cualidad curativa, que no es el deseado o tiene carácter negativo. Un ejemplo conocido nos lo da el ácido acetilsalicílico, que tienen la finalidad de ayudar a eliminar dolor, fiebre e inflamación, pero que en exceso genera malestar estomacal.
Por su parte, las contraindicaciones hacen referencia a todas aquellas situaciones en las que resulta aconsejable que el paciente no consuma un fármaco, ya que aumenta el riesgo de sufrir secuelas adversas. En efecto, estado de salud, historia clínica y antecedentes familiares pueden condicionar la efectividad y conveniencia de un tratamiento.
Información para la salud
-
Se
utilizan para disminuir inflamación, bajar fiebre (temperatura
elevada) y dolor músculo-esquelético (en huesos, articulaciones,
músculos) o visceral (en órganos). Las sustancias más comunes son
el ácido acetilsalicílico, paracetamol (acetaminofén), ibuprofeno
y naproxeno, aunque algunos más fuertes incluyen químicos que
proceden del opio (morfina y codeína).
- Irritación
gástrica o estomacal. La
elevación en el nivel de jugos gástricos irrita el interior de
este órgano.
- Hemorragias
intestinales. Sangrado
interno ocasionado por lesiones derivadas del aumento de acidez.
- Vómito,
náuseas. Ganas
de volver el estómago.
- Diarrea. Evacuaciones
intestinales frecuentes, de consistencia líquida.
- Ardor. Agruras
o reflujo, debidos al aumento de acidez.
- Inapetencia. Falta
de apetito.
- Constipación. Estreñimiento,
dificultad para realizar evacuaciones intestinales.
- Dolor
abdominal. Es
malestar generalizado en el vientre, como reflejo de los problemas
anteriores.
- Erupciones
cutáneas, urticaria, rash. Aparición
de granitos en la piel; ocurre en raras ocasiones.
- Mala
coagulación. Cuando
se usa de manera continua, el ácido acetilsalicílico altera la
capacidad de la sangre para detener hemorragias.
- Adicción. Estas
sustancias producen sensación de bienestar, por lo que su uso
prolongado puede hacer que el paciente dependa psicológica o
físicamente de la sustancia.
- Síndrome
de abstinencia. Se
relaciona con lo anterior y se refiere a malestares como
nerviosismo y ansiedad, que son manifestaciones del organismo por
la falta del medicamento.
- Estreñimiento. Es
un problema particular de la codeína, y se debe a que esta
sustancia disminuye la movilidad del intestino.
- Embarazo. Todas
estas sustancias atraviesan la placenta y llegan al feto, por lo
que pueden afectar su crecimiento.
- Lactancia. Es
muy probable que estos medicamentos lleguen a la leche materna y,
por tanto, al bebé mientras se alimenta.
- Gastritis
y úlcera gástrica. Respectivamente,
influyen en la inflamación del estómago y la aparición de
lesiones en su pared interna. Se caracterizan por exceso de acidez,
de modo que el uso de algunos analgésicos es muy desfavorable.
- Enfermedades
hepáticas. Se
ha encontrado que muchos analgésicos, como ibuprofeno y
paracetamol, pueden generar, en altas dosis o uso prolongado,
problemas en el hígado. Es mejor no consumirlos si hay hepatitis
(inflamación de dicho órgano)
- Enfermedades
virales. El
ácido acetilsalicílico está contraindicado en menores de 15 años
que padezcan varicela, rubéola, influenza y otros padecimientos
generados por este tipo de microorganismos, ya que se tiene el
riesgo de padecer síndrome de Reye, que afecta al hígado y
cerebro.
- Padecimientos sanguíneos. personas con problemas de coagulación o que se vayan a someter a cirugía deben asesorarse con un médico para saber si pueden tomar ácido acetilsalicílico.
Efectos secundarios. Paracetamol, ibuprofeno, ácido acetilsalicílico y naproxeno pueden causar diversos trastornos digestivos, ante todo porque alteran el equilibrio de los ácidos digestivos y favorecen la irritación de las mucosas (tejido que cubre el interior del tracto digestivo).
- Comportamiento adictivo. Pacientes que beben mucho alcohol o que fuman deben ser evaluados antes de emplear medicamentos con morfina o codeína.
-
Tienen
efecto sedante y se emplean como tranquilizantes o inductores del
sueño. El grupo más empleado son las benzodiazepinas, entre las
que se encuentran diazepam, buspirona, ketazolam, lorazepam,
midazolam y alprazolam. Requieren receta médica.
- Somnolencia. Exceso
de sueño.
- Debilidad. Falta
de fuerza.
- Cansancio
muscular. Sensación
de fatiga sin haber hecho esfuerzo físico.
- Confusión. Falta
de claridad en el pensamiento.
- Cefalea. Dolor
de cabeza.
- Sequedad
de boca. Falta
de producción de saliva.
- Constipación. Estreñimiento,
generado por baja actividad neuronal, que desencadena baja
movilidad intestinal.
- Anorexia. Pérdida
de apetito; no confundir con el síndrome que se genera cuando una
persona presenta miedo extremo a la obesidad y deja de alimentarse.
- Mareos. Vértigo
y pérdida de equilibrio ocasional.
- Ataxia. Entorpecimiento;
pérdida de coordinación de movimientos, ligero temblor de dedos.
- Visión
borrosa. Dificultad
para enfocar objetos.
- Adicción. Dependencia
física o mental hacia el medicamento (por uso prolongado o dosis
elevadas).
- Síndrome
de abstinencia. Nerviosismo,
ansiedad y desesperación, como consecuencia de la dependencia al
fármaco.
- Embarazo
y lactancia. Estas
sustancias pueden afectar al feto o niño que se alimenta con leche
materna.
- Historia
de dependencia a drogas u alcohol. Existe
riesgo de desarrollar dependencia a estos medicamentos.
- Miastenia
gravis. Enfermedad
que se caracteriza por generar debilidad muscular progresiva; por
sus efectos secundarios, las benzodiazepinas pueden afectar al
paciente.
- Insuficiencia
respiratoria. Dificultad
para respirar. Al generar debilidad, estos medicamentos pueden
empeorar la situación.
- Apnea. Es
el cese temporal de la respiración durante el sueño (ronquidos).
Ya que los ansiolíticos relajan, una mayor distensión de los
músculos del cuello puede generar asfixia durante el sueño.
- Enfermedades
hepáticas. Los
fármacos son procesados por el hígado, y dicha labor representa
gran esfuerzo para éste órgano. Por ello, en condiciones como
hepatitis (inflamación del hígado) o insuficiencia (incapacidad
de éste órgano para cumplir sus funciones) se desaconseja su
empleo.
Efectos secundarios. La mayoría surge por la acción de estos medicamentos, que disminuye la actividad del sistema nervioso:
- Insuficiencia renal. Los medicamentos se eliminan a través de la orina, que filtra el riñón. Cuando éste órgano no funciona adecuadamente, lo mejor es no utilizar benzodiazepinas o permanecer bajo vigilancia del especialista.
Antiácidos
- Se
indican para acidez excesiva, gastritis y úlcera, pues neutralizan
la generación de jugos digestivos o disminuyen su secreción.
Contienen sustancias que anulan a los ácidos (bicarbonato de sodio
e hidróxidos de aluminio y magnesio) o que bloquean su producción
(cimetidina, ranitidina, famotidina).
- Evacuaciones
frecuentes. Ambas
sustancias tienen ligero efecto laxante, es decir, estimulan la
movilidad intestinal.
- Diarrea. Las
heces pueden tener consistencia líquida.
- Estreñimiento. En
altas dosis el efecto es contrario y genera dificultad para el
vaciado intestinal.
- Náuseas
y mareos. Ganas
de volver el estómago.
- Rash
o erupción cutánea. Granitos
en la piel.
- Cansancio. Fatiga
sin causa aparente.
- Cefalea. Dolor
de cabeza.
- Dolor
articular. Malestar
localizado en tobillos, rodillas, cadera, manos y muñecas.
- Hepatitis. Inflamación
temporal del hígado.
- Ictericia. Coloración
amarillenta de la piel porque se altera el funcionamiento del
hígado y éste no filtra bien la sangre.
- Confusión
mental. Aturdimiento.
- Diarrea. Evacuaciones
frecuentes y de consistencia líquida.
- Enfermedades
graves del riñón. Los
hidróxidos de aluminio y magnesio se desechan por la orina y
pueden ocasionar sobreesfuerzo en riñones que no son saludables.
- Cálculos
renales. “Piedritas”
que se forman en el riñón y vías urinarias por acumulación de
minerales. No se recomienda a pacientes con este problema el uso de
antiácidos con hidróxido de aluminio y magnesio, pues pueden
empeorar.
- Úlcera gástrica maligna o cáncer estomacal. Son perforaciones graves del estómago y tumoraciones; cualquier antiácido sólo enmascararía los síntomas en vez de dar solución.
- Embarazo y lactancia. En algunos casos pueden emplearse estos productos, pero se requiere de aprobación médica.
Efectos secundarios. Los hidróxidos de aluminio y magnesio pueden ocasionar:
Antibióticos
-
Se
utilizan en numerosas infecciones bacterianas que afectan a diversos
órganos. Las sustancias más empleadas son las penicilinas
(amoxacilina, tetraciclina, ampicilina), aunque también se incluyen
sales como trimetoprim y sulfametoxazol.
- Vómito. Expulsión
violenta del contenido gástrico por la boca.
- Salpullido
o urticaria. Granitos
y enrojecimiento de la piel.
- Prurito. Comezón.
- Fiebre. Elevación
de la temperatura corporal.
- Escalofríos. Sensación
de frío acompañada de palidez.
- Inflamación
de la cara. El
rostro luce hinchado y deforme.
- Resoplo. La
inflamación en vías respiratorias dificulta tomar aire.
- Mareos. Vértigo;
falsa sensación de movimiento o impresión de que los objetos se
mueven o giran.
- Crisis
convulsivas. Sacudidas
corporales involuntarias.
- Problemas
digestivos. Pueden
generarse malestar estomacal y diarrea, debido a que estos
medicamentos alteran el equilibrio de la flora intestinal
(microorganismos que ayudan en la digestión).
- Embarazo
y lactancia. Estas
sustancias afectan al feto o niño que se alimenta con leche
materna.
- Alergia
a los componentes de la fórmula. Los
antibióticos pueden generar reacciones adversas muy fuertes. Si el
paciente tiene antecedentes alérgicos debe emplear aquellos
medicamentos que apruebe el médico, y siempre bajo vigilancia.
- Infecciones
virales. Estos
medicamentos sólo actúan contra bacterias y no sirven para
infecciones por virus.
- Problemas
digestivos. El uso de antibióticos debe ser prudente en quienes
presentan enfermedades de este sistema, pues alteran el equilibrio
de la flora gastrointestinal.
- Deficiencias
vitamínicas. La
combinación de trimetroprim y sulfametoxazol empeora problemas de
anemia megaloblástica (deficiencia en glóbulos rojos por falta de
vitaminas B 9 y B 12 ).
Insuficiencia hepática. Si el hígado no realiza adecuadamente sus funciones, el sulfametoxazol se acumula en la sangre y puede generar efectos secundarios.
Efectos secundarios. La mayoría son reacciones alérgicas (rechazo):
Anticonceptivos hormonales
-
Son
píldoras, inyecciones y parches para la piel cuyas sustancias
activas son hormonas femeninas, estrógenos y progesterona. Inhiben
la ovulación y hacen más espeso el moco contenido en el cuello del
útero (cervical), al mismo tiempo que generan cambios en el
endometrio para que el óvulo no se implante.
- Irregularidades
menstruales. El
período de sangrado puede atrasarse o adelantarse, además de ser
más intenso o escaso.
- Cefalea. Dolor
de cabeza.
- Sensibilidad
en senos. Se
vuelven muy delicados al tacto.
- Cambio
de peso. Por
lo general, aumenta.
- Cambio
de humor. La
mujer se muestra irritable.
- Acné. Presencia
de barros y espinillas a consecuencia de los cambios hormonales.
- Embarazo
y lactancia. Su
uso en estas etapas está prohibido terminantemente, también
cuando hay sospecha de embarazo.
- Cáncer
de mama. Es la presencia de un tumor maligno en un seno. Cuando
este problema está en curso, las hormonas pueden estimular a las
células anormales o cancerígenas.
- Problemas hepáticos. Hepatitis o tumor de hígado son condiciones que pueden empeorar con estas hormonas.
- Tabaquismo. Mujeres que fuman más de 20 cigarrillos al día (una cajetilla) pueden ser más propensas a padecer cáncer.
Efectos secundarios. En nuestros días tienen alta eficacia y pocas consecuencias adversas, pero pueden provocar:
Antidepresivos
-
Se
utilizan en pacientes con depresión, siendo más empleados los
denominados de tercera generación, como fluoxetina, fluvoxamina,
paroxetina, sertralina, citalopram, trazodona y nefazodona, así
como los tricíclicos: amitriptilina, amineptina, melitraceno,
imipramina, clomipramina y lofepramina.
- Cambios
de conducta.
La persona que los toma requiere de vigilancia médica ya que, en
algunos casos, puede motivar a desestimar la propia vida y atentar
contra ella.
- Insomnio.
Falta de sueño, incapacidad para dormir.
- Somnolencia.
Es probable sentir mucho sueño en el día.
- Nerviosismo.
Alteración en el sistema nervioso que se manifiesta con inquietud,
intranquilidad e irritabilidad.
- Estreñimiento.
Dificultad para evacuar la masa fecal de manera periódica y
completa.
- Sequedad
de boca.
Dificultad para producir saliva y masticar.
- Visión
borrosa.
Problemas para enfocar objetos.
- Disfunción
sexual.
Falta de apetito sexual y relaciones íntimas poco satisfactorias.
- Hipotensión
ortostática.
Mareo al ponerse de pie.
- Alteración
en el ritmo cardiaco.
Pueden presentarse palpitaciones irregulares (arritmias) y pulso
acelerado.
- Cambios
en el apetito.
La sensación de hambre puede aumentar o disminuir, ocasionando
incremento o pérdida de peso corporal.
- Embarazo. Hay
productos sobre los que no hay pruebas de que atraviesen la
placenta y lleguen al feto, pero por precaución se recomienda el
uso de antidepresivos sólo cuando sea estrictamente necesario y
bajo prescripción médica.
- Lactancia. Se
prohibe su consumo, pues todos estos productos se secretan junto
con la leche materna.
- Epilepsia. Es
una enfermedad que genera convulsiones y estados de ausencia por
problemas en la actividad eléctrica del cerebro. Se permite, pero
bajo estricta vigilancia y dependiendo de cada caso.
- Insuficiencia
hepática o renal. Hígado y riñón intervienen en el
procesamiento de estos medicamentos, por lo que si existen
problemas en estos órganos se recomienda no utilizarlos.
- Diabetes. Es
el incremento de azúcar en sangre por mal aprovechamiento de
insulina o nula generación de esta hormona. Algunos productos
incrementan los niveles de glucosa, por lo que su uso debe ser muy
controlado.
Antidiarreicos
- Oscurecimiento
de las evacuaciones. Es
normal, por su acción sobre el proceso digestivo.
- Lengua
saburral. Lengua
geográfica o con fisuras.
- Estreñimiento. Cuando
se usan en exceso, puede dificultar la evacuación.
- Náuseas,
vómito. Deseo
de volver el estómago, por la acción de estos productos sobre el
sistema digestivo.
- Oscurecimiento
de la orina. Se
debe a que el organismo desecha las sustancias activas a través de
esta vía.
- Confusión. Pueden
generar decaimiento y falta de concentración.
- Embarazo
y lactancia. No
son aconsejables.
- Obstrucción
intestinal. Estos
medicamentos obstruirían todavía más las evacuaciones.
- Insuficiencia
renal grave. Se
forzaría al riñón y los niveles del medicamento permanecerían
demasiado altos.
- Insuficiencia
hepática. También
pueden generarse problemas en el hígado.
Antigripales
- Irritación
estomacal, náuseas y hemorragias intestinales.Suceden
por la elevación en el nivel de jugos gástricos.
- Sueño. La
somnolencia diurna se debe a los antihistamínicos.
- Taquicardias. Alteraciones
en el ritmo cardiaco, también por las sustancias antes
mencionadas.
- Hipotensión
ortostática. Baja
presión sanguínea al ponerse de pie o moverse con brusquedad.
- Mareo,
zumbido de oídos. Sensación
de vértigo y aturdimiento.
- Rash. Granitos
por posible reacción adversa o sobredosis.
- Ictericia. Coloración
amarilla de la piel, a raíz de problemas en el hígado que
desencadena el paracetamol.
- Embarazo
y lactancia. No
es conveniente que mujeres encinta o amamantando consuman estos
productos.
- Presión
elevada y arritmias. Alteraciones
en el funcionamiento cardiaco pueden acentuarse con el uso de
antihistamínicos.
- Glaucoma
de ángulo agudo. El
aumento en la presión del globo ocular, que puede causar daño
progresivo a la visión, se acentúa con algunos antihistamínicos.
- Insomnio. Personas
con dificultad para dormir deben consultar a su médico para saber
qué producto sería el más conveniente, pues algunos incluyen
estimulantes del sistema nervioso.
- Enfermedades
hepáticas. Sobre
todo, se debe evitar el consumo de antigripales con paracetamol.
- Hipertrofia
prostática. Es
el aumento en el tamaño de la próstata (glándula del sistema
reproductor masculino) que dificulta la emisión de orina. Los
antihistamínicos pueden empeorar este problema.
- Gastritis
y úlcera estomacal. Pacientes
con problemas digestivos pueden sentir molestias.
- Usuarios
de maquinaria y automovilistas. Algunas
fórmulas hacen más lentos los reflejos y afectan la
concentración, así que es mejor consultar a un médico para
conocer qué producto es conveniente.
Antihipertensivos
- Deshidratación. Abusar
de estos productos genera pérdida notable de agua, debilidad y
malestar general.
- Alteración
en los niveles de sales. Puede
tener muchas consecuencias, como calambres, dolor articular y
fatiga muscular.
- Trastornos
cardiacos. Es
consecuencia de lo anterior, y el principal problema son arritmias
(cambios en el ritmo cardiaco).
- Pérdida
del apetito sexual. Bajo
nivel de sales y agua también repercute negativamente en la vida
íntima.
- Mareos
o náuseas. Sensación
de movimiento brusco y ganas de volver el estómago.
- Cambios
en el sentido del gusto. Los
alimentos se perciben con “sabor metálico”.
- Salpullido
y prurito. Aparición
de granitos, con enrojecimiento y comezón.
- Sed. La
necesidad de tomar líquidos es apremiante.
- Debilidad. Cansancio
sin haber realizado esfuerzo físico.
- Inflamación. Rostro,
garganta, lengua, labios, ojos, manos, pies, tobillos o piernas
pueden lucir hinchados.
- Ictericia. Coloración
amarillenta de la piel u ojos que se debe a que los medicamentos
modifiquen la función del hígado.
- Insomnio. Es
probable que se altere la capacidad para conciliar el sueño.
- Anuria. ausencia
de necesidad de orinar.
- Arritmias. Frecuencia
cardíaca irregular.
- Embarazo
y lactancia. Todo
antihipertensivo puede perjudicar la gestación y el
amamantamiento.
- Enfermedades
cardiacas. Cualquier
alteración cardiaca supone el riesgo de padecer reacciones
secundarias notables. Se requiere en estos casos de estricta
evaluación por parte del especialista.
- Deshidratación. Toda
persona con problemas de hidratación debe evitar los diuréticos.
Antihistamínicos
- Somnolencia. Sueño
excesivo durante el día.
- Confusión. Dificultad
para concentrarse y para razonar.
- Mareo,
zumbido de oídos. Sensación
de vértigo y aturdimiento.
- Mala
coordinación de movimientos. Los
reflejos y los desplazamientos voluntarios se vuelven lentos.
- Taquicardias. Alteraciones
en el ritmo cardiaco.
- Hipotensión
ortostática. Baja
presión sanguínea al moverse súbitamente o ponerse de pie.
- Insomnio. Algunos
pacientes se sienten inquietos, nerviosos y con angustia, por lo
que tienen dificultad para dormir.
- Embarazo. Sólo
en casos específicos el médico solicitará su uso, y por lo
regular se tratará de uno de los antihistamínicos más nuevos (de
segunda generación).
- Lactancia. No
se aconseja su uso.
- Presión
elevada y arritmias. Toda
alteración en el funcionamiento cardiaco puede acentuarse.
- Glaucoma. El
daño progresivo de la visión por aumento en la presión
intraocular aumenta con el uso de los primeros antihistamínicos,
no así con los de segunda generación.
- Insomnio. Las
personas con dificultad para dormir sólo deben emplear los
medicamentos más novedosos de este grupo.
- Hipertrofia
prostática. Los
problemas para orinar que se generan por el crecimiento de la
próstata pueden empeorar con antihistamínicos de primera
generación.
- Automovilistas
y usuarios de maquinaria. No
es recomendable conducir o hacer uso de instrumentos, a fin de
evitar accidentes.
Antiinflamatorios
- Dolor
estomacal y acidez. Afectan
la mucosa gástrica.
- Problemas
de coagulación. El
ácido acetilsalicílico ocasiona cierta propensión a sufrir
hemorragias.
- Eritema. Enrojecimiento
de la piel que ocurre con los productos que se aplican directamente
sobre una zona dolorida (tópicos), como piroxicam, bencidamina,
salicilato de metilo y diclofenaco. Es reacción adversa a los
componentes de la fórmula.
- Prurito,
erupción. En
casos más severos aparecen comezón y granitos. Se eliminan
suspendiendo el uso del producto.
- Embarazo
y lactancia. Los
que son en crema pueden aplicarse bajo supervisión médica; lo que
se ingieren deben evitarse.
- Enfermedades
del hígado. Ante
todo, se desaconsejan para evitar sobrecargar a este órgano.
- Asma,
rinitis.
Son reacciones alérgicas que dificultan la respiración. En
algunos casos el diclofenaco puede desatar episodios severos en
quienes padecen estas enfermedades.
- Gastritis. Los
AINES por vía oral aumentan la acidez estomacal, por lo que no se
recomiendan.
- Irritación. La
piel luce enrojecida y algo inflamada.
- Prurito. Comezón
en la zona donde se aplicó.
- Ardor. Sensación
quemante en la piel.
- Embarazo
y lactancia. No
se aconsejan. Los productos formulados para aplicación vaginal
deben emplearse sólo bajo la supervisión del médico.
- Alergia. No
debe repetirse la aplicación del producto si previamente ha
generado irritación.
Efectos secundarios. Se deben a su acción en el sistema nervioso:
Efectos secundarios:
Efectos secundarios. Muchos de ellos son compartidos con los de los analgésicos, aunque otros provienen de los antihistamínicos, que bloquean la acción de la histamina (sustancia que ocasiona estrechamiento de las vías respiratorias ):
Efectos secundarios. En el caso de los diuréticos:
Efectos secundarios. Los antihistamínicos actúan sobre el sistema nervioso y de ahí sus efectos adversos, aunque los productos más novedosos generan menos problemas.
Efectos secundarios. Muy similares a los mencionados en el apartado de analgésicos, aunque otros se originan porque algunos de estos productos se aplican directamente en la piel.
Contraindicaciones:
Antimicóticos
Efectos secundarios:
Contraindicaciones:
Antisépticos
- Irritación. La piel luce enrojecida e inflamada.
- Prurito. Comezón y ardor.
- Alergia. Personas que hayan manifestado sensibilidad al yodo u otro componente de la fórmula.
Antitusivos
- Resequedad de boca. Baja producción de saliva.
- Náuseas. Ganas de volver el estómago.
- Nerviosismo. Inquietud, irritabilidad.
- Gastritis. Inflamación del estómago.
- Falta de apetito. Poco interés por consumir alimentos.
- Urticaria o rash. Granitos y enrojecimiento de la piel.
- Constipación. Estreñimiento.
- Diarrea. Evacuaciones intestinales sin consistencia sólida.
- Depresión nerviosa. Baja actividad del sistema nervioso que se refleja en movimientos lentos, mala coordinación y problemas para respirar; es consecuencia del uso de altas dosis de dextrometorfano.
- Somnolencia. Se debe a los antihistamínicos que poseen algunos medicamentos de este tipo.
- Adicción. Sucede con las fórmulas que contienen codeína, que es un derivado del opio.
- Tos seca. En estos casos no se deben emplear expectorantes ni mucolíticos.
- Tos húmeda. Nunca se recomiendan bloqueadores del impulso para la tos, como dextrometorfano, pues pueden provocar retención de secreciones.
- Alergia a los componentes de la fórmula. Como en otros medicamentos, si hay antecedentes de reacciones adversas lo mejor es abstenerse de emplear estos fármacos.
- Embarazo y lactancia. No se recomiendan estos medicamentos porque pueden perjudicar al feto o bebé.
- Tendencia adictiva. Personas con problemas para beber o fumar deben evitar las fórmulas con codeína.
Corticoides
- Osteoporosis. Debilidad en huesos, pérdida de minerales (calcio, magnesio).
- Hipertensión arterial. Aumento en la tensión sanguínea.
- Hemorragia digestiva. Lesiones al interior del esófago, estómago o intestinos que generan sangrados.
- Adelgazamiento de la piel. Es un problema que ocurre, principalmente, por uso continuo en la epidermis.
- Alteración del apetito. Puede aumentar o disminuir, generando cambios de peso corporal.
- Depresión, irritabilidad. El carácter de una persona también puede verse afectado.
- Embarazo y lactancia. No se recomiendan porque pueden afectar al bebé.
- Herpes simple ocular. Es la infección de la córnea del ojo por acción de este virus, también responsable de los fuegos labiales. Como los corticoides disminuyen la acción de defensa del organismo, favorecen que este virus se reproduzca y dañe al ojo.
- Infecciones agudas o crónicas. Al igual que en el caso anterior, el uso de estos productos puede ser contraproducente y favorecer el ataque de microorganismos invasores.
- Diabetes. La elevación de los niveles de azúcar puede empeorar con estos medicamentos.
- Osteoporosis. También la debilidad de huesos puede acentuarse, así que su uso debe estar estrictamente vigilado.
- Insuficiencia Renal. Estas sustancias también pueden atrofiar la actividad de un riñón que no filtra la sangre eficazmente.
Laxantes
- Flatulencia. Gases intestinales.
- Retortijones. Es el dolor abdominal; se presenta con mayor severidad al consumir sen y senósidos A-B.
- Estreñimiento crónico. Cuando se recurre con frecuencia a estos medicamentos, el estreñimiento puede aumentar puesto que el intestino se acostumbra a estar estimulado por un agente exterior.
- Malnutrición. La estimulación constante de evacuaciones impide el aprovechamiento de los alimentos.
- Embarazo y lactancia. Sólo se permite el consumo de fibra, por el bien del bebé.
- Dolores abdominales no diagnosticados. Puede existir el riesgo de perforación intestinal.
- Problemas en hígado, riñón o corazón. Las sustancias laxantes pueden forzar el funcionamiento de estos órganos.
- Deshidratación. No se recomienda en personas con mala hidratación, pues puede acentuar alteraciones por falta de líquidos.
