Articulo publicado en periodismo humano
Farmacéuticas y médicos: cómo bailar con puercoespines
La
imagen de representantes farmacéuticos (visitadores)
trajeados a las puertas de hospitales y centros de salud es
ciertamente cotidiana en España. Una encuesta referida al
área de salud de Toledo, por
ejemplo, revelaba hace unos meses que un
98,4% de los médicos recibe a visitadores y un
77,8% lo hace a diario. El promedio asciende 10,2
visitas semanales por facultativo.
Por una parte, es innegable la necesidad de obtener información de
nuevos tratamientos, pero habida cuenta de que esta información
suele deslizarse con frecuencia hacia la promoción, ¿hasta qué
punto es ético que los médicos dediquen tiempo de su función
pública atendiendo estas visitas?
Los
fármacos que no suponen una avance médico significativo van
asociados a una intensa campaña de promoción, fundamentalmente
dirigida a los
profesionales de la medicina. Las compañías son muy conscientes del
poder de los facultativos, responsables en última instancia de lo
que se receta y de lo que no. La industria se encarga
directamente de la organización de congresos y demás actos
formativos, y continuamente
agasaja a los médicos con
obsequios que van desde un bolígrafo hasta viajes de placer y dinero
en efectivo(1). La opulencia de estas reuniones llevó en 2003 a la
revista British Medical Journal a caricaturizar en su portada a
médicos como cerdos comiendo y jugando al golf con los “reptiles
de la industria” (ver
imagen).
Uno de los artículos de ese número, que pretendía servir de guía
a la difícil relación de los médicos con las farmacéuticas, se
titulaba “Cómo bailar con puercoespines”(2).
Como
resultado de estos “actos formativos” se
crea un sentimiento de deuda en
los médicos que, consciente o inconscientemente, es devuelto en
forma de prescripción. Esto no quiere decir que todos los médicos
respondan favorablemente a los regalos de las compañías, pero el
dinero invertido por éstas, que no se caracterizan por su ánimo
filantrópico, es indudablemente recuperado. Curiosamente, un estudio
publicado en American Journal of Medicine refleja cómo en
EEUU un
61% de los médicos considera nula la influencia de la industria en
su práctica pero,
al ser preguntados acerca de otros médicos de su entorno, esta cifra
se reduce al 10% (3).
Además, las
farmacéuticas no sólo se dirigen a médicos sino también al
personal de enfermería, responsable de prescribir diversos efectos y
accesorios, controles de glucosa o curas locales de pacientes
inmovilizados que sufren de úlceras e incontinencia urinaria. Un
mercado cada vez mayor en España por el envejecimiento de la
población.
foto:
R. Durán / flickr
Un ejemplo de la promoción de medicamentos es la lenta incorporación de genéricos. La prescripción de genéricos en España es de las más bajas de los países de la Unión Europea: en 2006, nueve de los 10 medicamentos más vendidos en nuestro país eran de “nueva generación”, sujetos a patente y notablemente más caros (4). Los médicos del Servicio Gallego de Salud han denunciado recientemente el condicionamiento que supone la financiación de la práctica totalidad (90%) de actos formativos por parte de las farmacéuticas. Esto se traduce en una muy baja prescripción de genéricos en Galicia que supone un gasto extra aproximado de 36 millones de euros anuales.
En
teoría, los nuevos medicamentos generan más incertidumbre entre los
facultativos que los medicamentos conocidos ya que no han sido
probados en la población general. En igualdad de condiciones, se
insta a los médicos a que receten los fármacos más establecidos
frente a aquellos novedosos y con beneficios dudosos (5). Los
riesgos de emplear moléculas nuevas quedan demostrados con la
retirada, a veces en situaciones dramáticas, de medicamentos
con efectos secundarios peligrosos como la talidomida, el practolol o
la cerivastina por citar algunos. Aunque resulte paradójico,
mientras la mayor parte de la población mundial no tiene acceso a
tratamiento alguno para enfermedades graves como la malaria, los
efectos indeseados de medicamentos en EEUU se consideran la cuarta
causa de muerte por
detrás del infarto, el cáncer y el ictus, pero por delante de los
accidentes de tráfico o el SIDA(6).
La
publicación de estudios sobre nuevos tratamientos ha sido
ampliamente criticada por su sesgo y falta de credibilidad.
Un editorial de la revista médica BMJ apuntaba a la benevolente
interpretación de datos por parte de estudios financiados por la
industria (7). Entre estos estudios, publicados en revistas de
prestigio, un 55% de datos favorables se traducía en un 92% de
conclusiones favorables. Estas conclusiones son las que los
visitadores presentarán a los médicos, sin profundizar demasiado en
los datos científicos. Otro artículo apunta a la publicación
selectiva de resultados positivos para antidepresivos. De un total de
74 estudios realizados, 37 fueron publicados con resultados
positivos, mientras que sólo 11 de los 33 estudios con resultados
negativos o cuestionables fueron publicados, y de una manera
excesivamente benevolente, según los autores del artículo (8).
Viñeta
del dibujante El Roto cedida para la campaña de 'No gracias' contra
la promoción de medicamentos
Es por tanto esencial que los profesionales de la medicina sean especialmente cautos con respecto a los nuevos medicamentos. Como indica Marcia Angell, preguntar a una farmacéutica sobre la eficiencia de un medicamento es similar a seguir los consejos de una empresa cervecera acerca del alcoholismo (9). Existen diversas asociaciones independientes que comparten el objetivo de promover una relación sana de las farmacéuticas con los médicos. Recientemente, se ha creado un grupo de visitadores médicos independientesdentro del Programa de Formación en Práctica Clínica Basada en la Evidencia, para proporcionar información fiable a los facultativos. Además, plataformas internacionales como“No free lunch”, “healthy skepticism” ó “No gracias” se concentran en denunciar los efectos nocivos de la promoción de medicamentos. Su labor de concienciación pretende cambiar la actitud de los médicos frente al acoso de la industria y les insta a adoptar una posición más crítica donde las evidencias científicas y la salud de los pacientes sean prioritarios.
La
sociedad actual precisa una comunidad médica con capacidad de
crítica ante la creciente presión de la industria en su práctica.
En una conferencia ante
estudiantes de medicina en Harvard, Marcia Angell instaba a los
futuros médicos a reflexionar sobre su papel: “Según la
estimaciones más conservadoras un 20% del precio total de los
medicamentos es consecuencia directa de la promoción entre los
médicos. Es realmente inaceptable que uno de los sectores más
privilegiados de la sociedad sea beneficiario de tal suma de dinero a
expensas del resto de la población”.
